El planteamiento del problema

Colisiones a escala mundial

Los cetáceos necesitan salir regularmente a la superficie para respirar. Dependiendo de la especie y la actividad, suben varias veces por minuto, una vez por hora o incluso menos. Cada vez que una ballena o un delfín sube a la superficie, corre el riesgo de chocar con un barco.

Generalmente los barcos suelen embestir a las ballenas con la proa, y son raros los casos en que los animales chocan con la parte inferior del casco cuando suben a respirar. Especialmente peligrosos son los casos en que las hélices del barco alcanzan a los animales. Otro peligro debajo de la superficie son las quillas largas, como las de los veleros. Los estabilizadores (‘orzas’ extensibles), mecanismo que proporciona mayor estabilidad en el agua y que usan con frecuencia los barcos de grandes dimensiones, constituyen otro problema. En ocasiones, una ballena queda enganchada en la proa de bulbo de un gran barco, siendo arrastrada a veces durante cientos de kilómetros. La desgracia se descubre una vez el barco llega a puerto. Los últimos casos registrados se dieron durante un crucero en Chile en otoño de 2009, a mediados de ese mismo año en Amberes y hace unos años en el puerto de Hamburgo. Según el tipo de barco y la velocidad, las heridas en los animales llegan a ser graves o incluso mortales.

¿Qué tipos de barcos están implicados?

La variedad de barcos que colisionan contra ballenas o delfines es bastante amplia. Es indiferente que sean grandes embarcaciones, como buques de carga, petroleros, cruceros, barcos militares o transbordadores, o veleros, yates o cualquier tipo de pequeña embarcación (p.e. lanchas u otro motor de fueraborda), o incluso embarcaciones destinadas al estudio de ballenas – no hay excepción.

Las embarcaciones que resultan más peligrosas son las que tienen una hélice horizontal descubierta, así como aquellos barcos que alcanzan grandes velocidades, p.e. transbordadores o veleros de alta velocidad.

La velocidad cuenta

Se ha comprobado que existe una relación directa entre el tamaño de las embarcaciones, la gravedad de las heridas del animal y la velocidad del barco. Así, el número de colisiones documentadas ha aumentado de forma clara desde mitades del último siglo, cuando la mayoría de grandes embarcaciones alcanzaban una velocidad media aproximada de 14 nudos (cerca de 26 km/h.).  Actualmente, un transbordador tiene una velocidad media de 35 nudos (cerca de 65 km/h). En los últimos años, se han producido cada vez más incidentes en las regatas de veleros, pues los modelos más modernos son capaces de alcanzar velocidades de 20 nudos (cerca de 37 km/h) o más.

¿Cuántas colisiones se producen?

El número real de colisiones a escala mundial entre barcos y cetáceos sigue siendo, hasta la fecha, una incógnita. La Comisión Ballenera Internacional (IWC)  ha registrado en su base de datos cerca de mil casos producidos en las últimas décadas. Al mismo tiempo debe tenerse en cuenta que la problemática se ha reconocido hace pocos años y que las propuestas para abordarla son recientes. Es evidente que cada año se producen docenas de choques y que la tendencia va en aumento. Pero ¿de cuántos choques estamos hablando realmente? Hoy por hoy, esta podría ser la pregunta más importante de todas. Muchos investigadores consideran posible que el número real de colisiones esté muy por encima del que figura en los informes.

Dado que buena parte de las colisiones no se llegan a registrar siquiera o no se califican de graves, es probable que muchos animales heridos acaben muriendo, aunque poco después de la colisión se les haya visto todavía con vida. Valorar la gravedad de la herida de una ballena con vida es, en la mayoría de casos, difícil o imposible. Tarde o temprano los animales muertos se hunden hasta el fondo marino, y solo algunos cuerpos aparecen en la costa; y en estos casos, no siempre se descubre que esos cadáveres de ballenas han sido víctimas de una colisión.

En pocas ocasiones se redacta un informe sobre una colisión registrada, sobre todo cuando se trata de una negligencia o se quiere evitar mala publicidad – por ejemplo para compañías de cruceros, transbordadores o la organización de regatas.

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